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Arturo Galarce


22 años

E-mail: agalarce@gmail.com

LA CONTINUIDAD DE LOS PARQUES

En las escaleras del Museo de Bellas Artes, un grupo de niños chilla tercamente por un perro. Un perro hecho de globos, que el tipo gordo y sudoroso que intenta venderlos no puede inflar.

- Ya po, queremos un perro! – grita uno de los niños.

- No puedo, amigo, carabineros no me deja.

- Pero si ellos son nuestros amigos.

- Sí, pero no los míos – dice, antes de regalarles un par de de globos desinflados y largarse del lugar.

Son las cinco de la tarde de un domingo cualquiera y Jorge Alessandri Vergara atraviesa el parque, con la tranquilidad que sólo le dan sus lentes de sol. Circula sigiloso, mientras la bolsa de su ojo izquierdo palpita incansablemente. Nos adentramos por el Parque Forestal. El mismo parque que Jorge Alessandri pretende enrejar.

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Jorge se abre paso por el pasto mientras buscamos señales de la noche anterior. En el piso no hay botellas, ni jeringas, ni condones, como declaró haber visto a la prensa. Tampoco está la feria de las pulgas que nació espontáneamente a comienzos de esta década, donde jóvenes y otros no tanto vendían sus cachureos, discos, ropa usada y películas piratas: La feria fue extirpada del paisaje por Carabineros luego que la denuncia de Jorge, y su idea de enrejar el parque, se volvieran públicas.

Ahora no hay nada más que tierra y un puñado de gente levantando polvo mientras camina. Un par de veganos ofreciendo leche con frutilla. Gente jugando ajedrez. Unos pocos hippies tocando guitarra. Los payasos de siempre lanzando clavas por los cielos. Familias, carabineros y muchos niños. Alessandri mira conforme. Entonces le pregunto lo que le preguntaría cualquiera:

- ¿No crees que es una locura enrejar el parque, Jorge?

- Claro que mi propuesta es una locura. Es feo, coarta el espacio público, hace que la gente se sienta encerrada. Yo tiendo a pensar mal y creo que cuando se acabe el impacto mediático de mi propuesta, todos estos policías van a desaparecer y va a quedar la escoba de nuevo.

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Es Jorge Alessandri: 29 años, abogado, soltero, bombero, alguacil de carabineros y concejal UDI por la comuna de Santiago.

- ¿No crees que se vería horrible?

- Obviamente que el parque es mas lindo abierto. En el mundo ideal yo no estaría proponiendo rejas, estaría proponiendo más carabineros, cámaras, educar a la gente. Esas son medidas a largo a plazo que no son políticamente rentables. Lamentablemente –“veis que hay marihuana… y buena debe haber sido, jaja”, interrumpe, olfateando el aire-… esperar 15 años por una solución es complicado.

- ¿Cómo te imaginas el parque enrejado?

- Sería nuevamente un espacio para la familia. La entrada estaría cerrada de las 23 a las 6 am, así que el parque en el día, como ahora, estaría igual de lleno. También habrá cámaras, así que si alguien está quebrando una botella de pisco y golpeando a otra en una pelea, quedará registrado. No podrá escapar por otra parte y tendrá que irse por la salida, donde se le pedirá el carnet y quedará anotado por mala conducta. El resto sería solamente un control visual, y guardias municipales revisando las mochilas para que nadie entre con palos ni objetos corto punzantes.

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17.30 hrs. El parque está tranquilo. Sólo en el frontis del MAC se ha reunido una pequeña multitud a ver el show de un payaso y sus cajas de colores.

Jorge avanza, orgulloso por la cantidad de carabineros que nos rodean. Están en moto, a pie, a caballo, en furgón. Por el pasillo de tierra decenas de personas caminan sin rumbo: Sin la feria de las pulgas no hay mucho que ver. Hasta que aparece una mujer despeinada de alguna parte batiendo las manos aparatosamente. Todas las miradas apuntan al concejal.

“¡Señoras y señores, este señor es el concejal de la comuna de Santiago que quiere dejarnos sin trabajo! ¡Este es el hombre que quiere quitarnos el derecho de disfrutar de nuestro parque libremente! ¡Este es el hombre que quiere enrejar nuestro parque!”, grita. Jorge intenta acercarse y entregarle su tarjeta, pero la mujer se escapa. Ahora los gritos vienen de todas partes. “Tenis las manos con sangre!”, “Hijoputa!”, “No tení ni un brillo!”.

Caminamos.

“Lo que acaba de pasar me encanta, porque hay opinión. Opinión de que uno está haciendo algo… Querido por la gente o no, lo importante es que uno está trabajando. No hay que claudicar, hay que seguir adelante. Y de todas maneras podría convencer a esta gente de que se trata de una buena idea. ¿Para el mundo real actual es una solución? Sí. Lo es”, dice.

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- Tú no vives en este barrio…

- No, pero vengo mucho. A veces vengo a correr y me he topado con botellas de litro de cerveza, de pisco y papeles de dulces. Y me llegan muchos mails, a diario, de gente que se queja del problema. Acá queda la escoba, mucho consumo de alcohol, mucha marihuana, destrozos de las plantas, del pasto. Yo mismo no me sentiría cómodo paseando con mi sobrina de tres años, y que hubiera gente alrededor mío consumiendo marihuana o parejas homosexuales besándose. Eso preferiría explicárselo cuando esté más grande”.

- ¿Crees que hay que prohibir las muestras de afecto públicas entre personas gays? ¿Enrejarlos de algún modo?

- Por supuesto que no. Yo me refiero a sexo explícito, un poco más fuerte. Yo decido a qué parque voy y a qué parque no voy, pero no creo que las leyes sean la solución, para nada. Nunca me ha tocado presenciar parejas homosexuales teniendo sexo, pero los vecinos sí han visto y se han quejado.

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EL JUEGO DEL MIEDO

A ratos Jorge parece más viejo de lo que es. La mayoría de sus amigos lo doblan en edad, y asegura que de niño aprendió a dar explicaciones cada vez que alguien lo cargaba por ser “hijo de”.

“Me llamo Jorge Alessandri, y uno se portara bien o mal la gente se iba a acordar siempre de lo que uno hizo. Muchas veces quise golpear a esos tipos. Pero no podía”. Por eso corre, dice. Por eso boxea. Por eso de vez en cuando se larga a un polígono privado a disparar su 9 mm. La misma que aprendió a armar y desarmar en 40 segundos con los ojos vendados, sólo por gusto. “Todo eso me ayuda a liberar tensiones”, cuenta.

- ¿Te sientes inseguro, Jorge?

- Me siento muy inseguro… cambié todas las chapas cuando me mudé de casa. No autorizo a nadie a entrar si yo no estoy, aunque sea mi hermano, mi mamá, quién sea. Cuando llego de mis actividades reviso todas las cosas al entrar, para ver si alguien estuvo dentro. Hoy no hay barrio seguro, no hay calle segura.

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- ¿Te han asaltado alguna vez?

- Sí, tres veces. La primera vez afuera del Bowling, en Apoquindo. Tenía 17 años, me empujaron al suelo y me quitaron la chaqueta y cinco lucas. La segunda fue en Viña, afuera de una discoteque, me robaron el reloj. Tenía 18 años, algo así. Estaba solo. Y no vi armas, sólo empujones. La tercera vez fue a mi auto afuera del teatro Municipal, me robaron la radio y los espejos.

- Según los índices, Santiago es una de las ciudades más seguras de Latinoamérica. Esa inseguridad de la que hablas, ¿es real?

- Yo creo que sí. Y podríai preguntarle al ingeniero de la parcela en las Vizcachas que maniataron con su señora durante cinco horas. Les pegaron a sus hijos. O sea, yo creo que todos los que han sido victimas de un asalto tienen miedo, absolutamente. Y eso de la capital más segura, está cambiando rápido.

- ¿A qué te refieres?

- A que lamentablemente está cambiando. La sensación de la gente es de temor. Los índices lo indican y lo blando de nuestros tribunales de justicia.

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- ¿La gente tiene miedo, Jorge?

- He visto vecinos con bates de béisbol. Les tocan el timbre y abren con el bat en la mano. Lo he visto. Muchas casas a las que uno entra a la izquierda de la puerta tienen un bat. La gente se siente indefensa, es el único tema de la gente.

- ¿El único tema? ¿Y el de las farmacias, o el abuso de algunas empresas contra los consumidores o la mala calidad de la educación?

- Cuando hice el puerta a puerta, nadie me hablaba de que los recorridos nuevos de las micros eran lentos. Nadie me hablaba de los corredores del Transantiago. O de los consultorios…. El tema era la seguridad.

Por supuesto que hay temas secundarios que también le tocan a uno. Como lo malo del Transantiago. Lo de las farmacias es un tema más reciente, es de esta semana. Cuando yo estaba en campaña me alegaban que en Santiago Centro no había farmacias. Si tocáramos puertas hoy día yo creo que todos hablarían del tema porque es el tema que está en los diarios, y encuentro detestable lo que ha pasado”.

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- ¿Ahora mismo te sientes inseguro?

- No. Me siento muy orgulloso de estar sentado en el parque con dos carabineros detrás de ti, con una pareja montada, con otros dos carabineros a mi izquierda, y con un furgón detrás. Se cumplió mi objetivo. Entendieron que había que poner mano dura. Yo gané, me saqué un siete. Aleluya, objetivo cumplido.

Antes de partir, Jorge se encuentra con un amigo que lleva a su pequeño hijo en brazos. Se saludan. Le pregunto al amigo de Jorge si conoce la propuesta de Alessandri. No tiene idea. Jorge se lo explica escuetamente y la pregunta si ha sufrido alguna mala experiencia en el parque.

“No, no. En cuanto a delincuencia el parque no es peligroso, nunca me han robado. Lo único malo es que cuando baja el sol se ponen a tomar y en la salida del metro machetean plata. Eso es lo único”. Jorge me mira confuso y se sonroja. “Bueno, excelente que haya opiniones distintas. Aunque ni tan distinta a la mía, ¿ah?”, remata, antes de calzarse los lentes y despedirse como un caballero. Hace frío. El parque oscurece.

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¿Sexo en vivo? ¿Armas cortopunzantes? Fuimos a la Primera Comisaría de Santiago para saber cuántas denuncias reciben por delitos de este tipo, cometidos en el Parque Forestal los domingos. Nos dijeron que no tenían esos datos y que preguntáramos en la Mutual de Carabineros que es donde reciben esos llamados. Ahí nos informaron que debido a la cantidad de llamadas recibidas por el 133 “era imposible filtrar las llamadas de ese sector en particular”.

Con quienes sí pudimos hablar fue con gente que va cada domingo al parque a pasear o a vender en la feria de las pulgas que se instaló ahí. Y todos nos dijeron más o menos lo mismo. Una de ellas fue Lessly Mendoza (21):

“Si quieren mejorar la seguridad, que pongan más iluminación y guardias por las noches, que es cuando los locos se ponen a tomar y machetear. A mí nunca me ha pasado nada, el parque es tranquilo. Yo desde que empezó la feria de las pulgas venía a vender mis cosas para pagarme los estudios con esa plata. Ahora no se puede. Imagina con un parque enrejado”.



Foto feria del Parque Forestal, gentileza Tomás de la Maza. Puedes ver su Flickr acá.

 

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